20040829

Aparecido el Viernes 27 de Agosto en Zona De Contacto / Wiken
2.- BIENVENIDA REALIDAD

Papá había conseguido las entradas gracias al trabajo. El rostro se nos iluminó al saber la noticia: por fin iríamos a Cachureos. Tenía 12 años y luego de un ansioso desayuno, partimos al canal. Al llegar, entramos por una puerta especial. Un par de guardias nos trataron de "pituto". Nos hicieron pasar antes que una cola de 200 personas y pudimos elegir donde nos queríamos sentar. Todo se veía distinto: más viejo, más colorido y mucho más pequeño .Y ahí estoy, con un globo en cada mano y la sonrisa que me exigen los productores. Suena un estruendo. Como fanáticos religiosos le seguimos el canto a un grupo de animales de esponja acompañados por un tipo cincuentón con un silbato en la mano. ¡El grito, el grito, el grito!, dice Marcelo. Al fondo sacan a una pequeña llorando del estudio. ¿Por que ella sale, mamá?, pregunta mi hermano. "Porque este es un programa feliz y no pueden haber niños tristes". Asustados, empezamos a corear más fuerte las canciones. Marcelo se acerca a preguntarnos qué queríamos para Navidad. Era marzo. La magia de la televisión. "Un Nintendo", dijo mi hermano. Ocho meses después recibió un taca taca.

En el primer corte de la grabación Marcelo se acercó a saludar a mi papá. Nunca la tele había tenido tres dimensiones. Me arriesgué a rogarle una oportunidad. "Marcelo, Marcelo, ¿puedo participar?". "Vamos a ver", me dijo cuando se alejaba, mientras todos a mi alrededor gritaban desesperados "yo también, yo también".El poder del pituto. Dos minutos después, la cámara se encendió sobre mí y escuché un "venga caballero". Adrenalina. Silencio. Tenía que concursar contra una atractiva chica de gigantescos ojos azules. Nos deseamos suerte. Estaba en "La Juguera", un inmenso artefacto de vidrio al que tuve que subir por unas cuerdas ayudado por los personajes. Al escucharlos con sus voces reales sentí miedo. Eran roncos y tenían tonito de profesor de matemáticas.¿Cómo te llamas?, me preguntó Marcelo. ¡Nicolás!, grité como desaforado. Se rió de mí y nos metieron dentro. Por primera vez en mi vida sentí que las clases de educación física tenían sentido. Empecé a reventar globos como enfermo, pero fracasé. Sería la primera vez en mi vida, no la última, que una chica de ojos azules me venciera. Al menos esa vez recibí una polera que decía "No a las drogas".

Después que Chancho Man nos lanzara agua con papel, se terminó el programa. Mi papá me hizo subir por unas escaleras a lo más alto del estudio. Observé el camarín de los personajes. Entonces vi la cabeza del Señor Oso sobre una silla, rodeada de humo de cigarro que tal vez salía de las fauces de Chester o el Gato Juanito. Aquel día se terminó mi infancia.

Por Nicolás Copano.

1 comentario:

  1. Anónimo6:46 p.m.

    buena Nicolas Copano, esa historia refleja lo que muchos tenemos que vivir para poder madurar, aunque despues, con el tiempo, nos tratan de inmaduros, gracias por dar a conocer esas historias, ese es el apoyo que necesito para seguir en este rumbo, eres un gran escritor.
    bueno sin nada mas que agregar a este comentario, me voy, soy sergio de calama te dejo la direccion de mi blog, porfa veelo y tu me dices si si o si no, gracias


    http:/chechofenix.blogspot.com

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